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Moisés salvado de las aguas del Nilo. Óleo s/lienzo. 55x 65 cms. nº inv. 65. (s.f. y sin firma). Madeleine Leroux. Pieza del mes.

PIEZA DEL MES

LEROUX, Madeleine

Moisés salvado de las aguas del Nilo.

(Óleo s/ lienzo).

55x64 cms.

Sin fecha ni firma

MPCL.Nº 65

Un varón de la casa de Leví fue y tomó por esposa a la hija de un levita. La mujer concibió y parió un hijo y, viéndole gracioso, le tuvo oculto durante tres meses. Pero no pudiendo tenerle escondido más tiempo, cogió una cestilla de papiro, la calafeteó con betún y pez y, poniendo en ella al niño, la dejó entre el juncal de la ribera del río. La hermana de él apostose  a lo le lejos, para observar que pasaba. Bajó la hija del Faraón a bañarse en el río, y sus doncellas se paseaban en la orilla del río. Vio la canastilla en medio del juncal, y mandó a una doncella suya que la trajera. Al abrirla vio un parvulito que lloraba, y compadecida del niño dijo: “Es un hijo de los hebreos”. La hermana de él dijo entonces a la hija del Faraón: ¿Quieres que vaya a buscarte, entre las mujeres de los hebreos, una nodriza para que te crie el niño?...  Nacimiento de Moisés. Exodo.2.

Está pintura, de Madeleine Leroux Morel, “Moisés salvado de las aguas del Nilo”, describe la escena del encuentro de Moisés y la hija del Faraón a orillas del Nilo.  Creemos puede ser fechada entre 1918-1926, durante sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París, siendo alumna del retratista Ferdinand Humbert ( 1842-1934) con el que firmará tres cuadros, de similar factura y gama cromática que el que nos ocupa, presentes en los fondos del Museo Pérez Comendador-Leroux:  Huida a Egipto, Jesús en el lago y boceto para la bóveda  “De la Gloria y Santos”.  

 Magdalena Leroux, estudió primero en la Escuela de Artes Decorativas (1916) y más tarde, ya en la Escuela Superior coincide con Paul Baudoüin (1844-1931), jefe del “atelier de pintura” de la Escuela de Bellas Artes desde 1919 a 1929.  Quién en 1914 había publicado “La Fresque”, dedicado a su maestro Puvis de Chavannes,  en el que reúne  estudios, experiencias y procedimientos sobre la técnica del fresco.  Años más tarde P.Baudoüin, junto  al arquitecto Georges Pradelle, fundó la asociación “La Fresque”, que tendrá sede en la Rue Villeneuve de París, de la que no se sabe bien quienes fueron los primeros alumnos y  colaboradores, aunque si sabemos que estos fueron escogidos.  El curso lo inicia en octubre de 1919 y fue algo informal, se reunió a los mejores estudiantes de pintura presentados por sus maestros. No hay rastro documental de este primer grupo, según Marie Monfort*, pero no olvidemos que en la Escuela de Bellas Artes trabajaba Auguste Leroux, llamado en 1914 para la reorganización de las enseñanzas artísticas (recordar también sus trabajos en Le Sacre Coeur). La firma conjunta de estos otros  tres cuadros (Leroux-Humbert), la temática religiosa, los tonos y el tratamiento de las figuras y el paisaje en Moisés nos hablan de una clara vocación mural de las mismas. Magdalena Leroux,  en algunas notas autobiográficas reconoce su conocimiento de los fresquistas italianos, gracias al maestro Paul Baudoüin*. En este sentido quiero recordar el atinado comentario del pintor y profesor  D. Antonio Zarco en visita realizada a las salas del museo durante un curso para profesores realizado a finales de los noventa: “este cuadro es un claro apunte para algo mayor”, refiriéndose al carácter mural de la composición, a las figuras que representan la escena: la hija del faraón, la doncella que recoge al niño y el monumental fondo rocoso del cuadro.

Los tres cuadros mencionados y muy especialmente “Moisés salvado de las aguas del Nilo”  apuntan al fresco y al muro, la composición, la luz, la limitada gama cromática, parecen  hablarnos de ello.

            Magdalena crea una composición piramidal en la figura de la hija del Faraón, de frente, mediante franjas verticales, destacándola  en el centro,  tendiendo su mano hacia el niño. Composición que se continúa en la espalda de una de las doncellas junto a la canastilla  en primer plano, que contrasta su sombra vacía con los luminosos blancos de las telas. A la izquierda y desde el agua, otra de las doncellas, en posición reverencial, refuerza el esquema piramidal, y presenta el niño a la hija del Faraón. Destacada,  por su tonalidad más oscura, pese a presentarse de espaldas al sol que desde la izquierda, ilumina toda la escena y llega al fondo rocoso del paisaje.  El grupo y sus cuerpos contrastan con las telas blancas y sobre el fondo gris y azul del paisaje, construidos por el río y la orilla rocosa del Nilo. La tonalidad da vida a las formas, y la sombra es la encargada de destacar, en esta luminosa escena, al protagonista: Moisés.   Las lenguas de arena y las embarcaciones que se suceden en distintos planos, junto a las escasas sombras de la pared rocosa del fondo, que apenas deja espacio al cielo, recrean una profunda y grandiosa sensación de espacio.

 Las formas silueteadas, de rostros sin definir, que conforman el grupo, en contraste con los espaciosos vacíos, concentran la atención hacia el motivo principal del cuadro y transmiten una escultural sensación de vitalidad a los cuerpos.  La luminosidad del paisaje, la reducida paleta de grises y azules, junto a la rugosidad, opaca y sin brillos,  a las marcas del pincel que modelan la superficie, creando unas texturas que nos invitan a pensar que este cuadro no fue ajeno a la actividad de los fresquitas franceses comandados por Paul Baudoüin en el primer tercio del S.XX en París.   

César Velasco Morillo. Director. Museo Pérez Comendador-Leroux